Hermelinda Urvina Mayorga fue una destacada mujer ecuatoriana, reconocida como una de las pioneras de la aviación en Sudamérica. Nació en Ambato, Ecuador, el 26 de septiembre de 1905, y desde muy joven demostró un profundo interés por el mundo aeronáutico. A pesar de los estereotipos de género de su época, no permitió que las limitaciones sociales le impidieran perseguir su sueño de volar.
Después de contraer matrimonio en 1926, se trasladó junto a su esposo a la ciudad de Nueva York, donde residió hasta 1945. Durante este periodo logró cumplir uno de sus mayores sueños: convertirse en piloto aviador.
En 1932, a los 27 años, Hermelinda Urvina Mayorga se convirtió en la primera mujer ecuatoriana y sudamericana en obtener una licencia de piloto de aviación, emitida por una autoridad de Estados Unidos, tras formarse en la escuela Safair Flying. Este logro fue especialmente significativo, ya que en aquella época la aviación era una actividad dominada principalmente por hombres.
Durante su estancia en Estados Unidos, formó parte de The Ninety-Nines, una reconocida organización internacional de mujeres piloto, en la que también participó la famosa aviadora Amelia Earhart. Además, Hermelinda intervino en vuelos entre Nueva York y Washington, eventos que fueron cubiertos por medios estadounidenses. También se destacó en un raid aéreo hacia Montreal, una travesía de gran dificultad en la que solo 12 de 38 pilotos lograron llegar al destino, debido a las complicadas condiciones climáticas.
Posteriormente, obtuvo una licencia de piloto privado en México, donde llegó a volar en una aerolínea de correo entre México y Nueva York. También participó en demostraciones aéreas en distintos países, como Cuba, consolidando así su trayectoria dentro del ámbito aeronáutico internacional.
Su carrera como aviadora llegó a su fin luego de sufrir un accidente que provocó la destrucción de la aeronave que había adquirido junto a su esposo. Después de este hecho, regresó a Quito en 1945.
Hermelinda Urvina Mayorga falleció en Toronto, Canadá, el 20 de septiembre de 2008, a los 102 años, junto a su hija Rosario. Su legado permanece vivo como símbolo de valentía, perseverancia y superación para todas las mujeres que sueñan con formar parte de la industria aérea. Además, fue considerada una de las mujeres ecuatorianas más influyentes del milenio en el año 2000 por la prensa nacional.