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Soy la Teniente Piloto de Aviación Jazmín Pérez de la ciudad de Otavalo. Nací el 4 de diciembre de 1991 y tengo 32 años. Lo que me motivó a ingresar a la Escuela Superior Militar de Aviación como piloto fue una combinación de varios factores. Desde joven, siempre me fascinó la aviación y soñaba con volar. Sentía una profunda admiración por los pilotos militares y su dedicación al servicio de su país. Además, la idea de desafiar mis propios límites físicos y mentales, así como la emoción de pilotar aeronaves avanzadas, era extremadamente atractiva para mí. También valoraba la oportunidad de recibir una educación de alta calidad y adquirir habilidades técnicas y de liderazgo que solo una institución como la ESMA puede ofrecer. En resumen, mi pasión por la aviación, mi deseo de servir a mi país y el deseo de superarme a mí misma fueron los principales impulsores que me llevaron a tomar la decisión de unirme a la ESMA como cadete piloto.

Ser una de las primeras mujeres piloto de combate en Ecuador es un honor y una responsabilidad enorme. Siento un profundo orgullo no solo personal sino también por abrir camino para otras mujeres en el ámbito de la aviación militar, un campo que tradicionalmente ha estado dominado por hombres. Es emocionante y a la vez desafiante, ya que cada día en la preparación profesional y en cada vuelo, soy consciente de que represento a muchas mujeres que aspiran a seguir esta carrera. Me siento comprometida a demostrar que las mujeres podemos desempeñar roles como pilotos de combate y ahora como instructoras militares de vuelo, con la misma competencia y valor que nuestros compañeros masculinos.

Además, siento una gran responsabilidad de ser un modelo a seguir y ayudar a pavimentar un camino más inclusivo para las futuras generaciones de mujeres en las Fuerzas Armadas. Es un reto constante, pero la oportunidad de liderar este cambio y contribuir a la igualdad de género en el sector de defensa es algo que valoro y me motiva todos los días. Mi paso por la Escuela Superior Militar de Aviación ha sido desafiante pero profundamente gratificante. Desde el principio, enfrenté el riguroso entrenamiento físico y académico que exige la escuela. Cada día ha sido una oportunidad para aprender y crecer, tanto personal como profesionalmente.

Académicamente, me he esforzado en materias que van desde la teoría de vuelo hasta la instrucción militar. Los instructores fueron exigentes pero justos, y siempre estaban dispuestos a proporcionar la guía necesaria para ayudarnos a alcanzar nuestro máximo potencial. La carga de trabajo puede ser abrumadora a veces, pero la satisfacción de superar cada desafío es inigualable. Al finalizar el primer año de la escuela, tuve la oportunidad de ir a la Academia de la Fuerza Aérea Brasileña completando mi formación como aviadora durante 4 años, en donde he forjado lazos fuertes con mis compañeros. Aunque inicialmente fue intimidante ser la única mujer cadete piloto en un ambiente predominantemente masculino, he encontrado un gran apoyo en mis compañeros y superiores, que valoraron mi competencia y el compromiso en representar de la mejor manera a mi país, más allá del género.

Emocional y físicamente, he aprendido a manejar el estrés y a mantener un alto nivel de condición física, aspectos cruciales para un oficial piloto. Los entrenamientos eran intensos y la disciplina era estricta, pero esto ha reforzado mi resiliencia y mi capacidad para manejar situaciones bajo presión. Cada prueba ha sido una oportunidad para demostrar mi capacidad y fortalecer mi compromiso con mi carrera y mi país.

Mi inspiración proviene de varias fuentes, pero principalmente, mi familia. Su apoyo incondicional y creencia en mis capacidades me han motivado a seguir adelante, incluso cuando enfrento desafíos o dificultades. Saber que tengo su respaldo me da la fuerza para superar cualquier obstáculo y alcanzar mis metas en esta demandante carrera. Además, una fuente significativa de inspiración para mí ha sido generada por la historia y los logros de mujeres pioneras en la aviación militar en todo el mundo. Mujeres que rompieron barreras en campos dominado por hombres, mostrando que el coraje y la capacidad no conocen de género.

Como una de las primeras mujeres piloto de combate de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y ahora instructora de vuelo de cadetes, tengo un sentido profundo de responsabilidad y compromiso con mi rol. Mi experiencia en la cabina de combate y en las misiones operativas me ha enseñado no solo sobre las habilidades técnicas requeridas para volar aviones de alta tecnología, sino también sobre la importancia del liderazgo, la toma de decisiones bajo presión y el trabajo en equipo.

Como instructora, mi objetivo principal es transmitir estas lecciones a los futuros pilotos. Cada día en la ESMA, me esfuerzo por ser un ejemplo de integridad, disciplina y excelencia. Mi experiencia como una de las primeras mujeres en este campo me ha proporcionado una perspectiva única que comparto con los cadetes, especialmente con las mujeres jóvenes que están empezando su carrera en un ambiente desafiante y competitivo.

Espero inspirar a los cadetes no solo a ser pilotos competentes, sino también líderes capaces y respetuosos. Les enseño que un oficial de la Fuerza Aérea debe ser más que alguien que solo maneja una máquina; debe ser un estratega, un innovador y, sobre todo, un miembro comprometido de su equipo y su país.

Mensaje a los aviadores

 A los cadetes, les diría: están en un camino que demanda disciplina, compromiso y coraje. La formación que están recibiendo es de las más rigurosas y desafiantes, pero también de las más gratificantes. Aprovechen cada oportunidad de aprender y crecer, tanto personal como profesionalmente. No solo están aquí para convertirse en pilotos; están siendo moldeados en líderes. Escuchen a sus instructores, aprendan de sus compañeros y nunca dejen de esforzarse por ser mejores cada día. A los cadetes y a aquellos jóvenes que están considerando ingresar a la Escuela Superior Militar de Aviación (ESMA), les envío un mensaje de aliento y realismo sobre el camino que han elegido o están considerando.

A los jóvenes interesados en ingresar a la ESMA, les aconsejo que consideren seriamente la dedicación requerida para esta carrera. Ser parte de la Fuerza Aérea no es solo una profesión emocionante; es un compromiso de vida que implica servir y proteger a su nación con cada misión. Si tienen pasión por la aviación y un profundo deseo de servir a su país, este puede ser el lugar para ustedes. Sin embargo, estén preparados para el rigor físico y mental que esta carrera exige.

A ambos, les digo que la vida en la ESMA y en la Fuerza Aérea es de camaradería, aprendizaje continuo y desafíos constantes. Es una vida que requiere sacrificio, pero también ofrece recompensas únicas: la oportunidad de volar tecnología de punta, de participar en misiones que importan y de formar parte de una comunidad que valora el honor, la lealtad y el deber. Prepárense para trabajar duro, demostrar su valía y contribuir a la seguridad de nuestro país. Es un desafío formidable, pero también una oportunidad extraordinaria para crecer y servir.